Por fin has conseguido que tu perro se tumbe en el suelo, pero te has dado cuenta de que algo falla: Tu perro se levanta y se marcha cuando le apetece. En cuanto recibe la recompensa parece como si el perro decidiera por si mismo dar por terminada cualquier indicación…

Tal vez te pueda parecer que es un interesado y que sólo obedece cuando hay comida a la vista, pero afortunadamente esta cuestión tiene una solución tan simple como lógica: Tu perro necesita una señal de liberación.

 

¿Qué es la señal de liberación?

La señal de liberación es cualquier señal que indica que «el trabajo ha terminado» y que contamos con total libertad para hacer lo que nos apetezca.

Los humanos tenemos infinidad de señales de liberación. En el trabajo, nuestro reloj es quien nos marca el fín de la jornada laboral. En los partidos de fútbol es el silbato del árbitro el que determina el final del encuentro. Los militares necesitan tener una señal de «¡Descansen!» para hacer entender a los soldados cuándo pueden dejar de estar alerta ante las órdenes…¡Incluso cuando los semáforos cambian su luz a verde nos liberan indicándonos que podemos seguir nuestro camino al volante!

Como ves, el mundo está repleto de señales de liberación, entonces: ¿No sería apropiado utilizar un código semejante con nuestros perros?

Diferencias entre la confirmación y la liberación.

Lo primero que debemos hacer es lograr que nuestro perro entienda la diferencia entre la señal de confirmación (el «muy bien» de toda la vida) y esta nueva señal de liberación («Hale», «vamos» o cualquier otra palabra que prefieras).

  • El «Muy bien» sirve para indicarle a tu perro que está realizando en ese mismo instante algo que le hemos pedido. Su utilidad radica en proporcionar a nuestro perro confianza y comunicarle que va por buen camino para que continúe realizando la acción.
  • En cambio, la señal de liberación «Vamos»/»Hale» es la que realmente determina el final de la acción que le hayamos pedido a nuestro perro. Gracias a la señal de liberación seremos capaces de conseguir que nuestro perro siga obedeciendo incluso después de haberle dado un premio.Recordemos la secuencia básica que debemos utilizar a la hora de practicar las acciones aprendidas por nuestro perro:
    1. Diremos el comando conveniente (como por ejemplo «sienta»).
    2. En el momento en que el perro apoye su trasero en el suelo, usaremos la señal de confirmación «Muy bien».
    3. Entregaremos el premio.
    4. Esperaremos un breve periodo de tiempo (unos cuantos segundos) y concluiremos el ejercicio con la señal de liberación «Hale»/ «Vamos» para terminar jugando con él.

    Si estructuramos nuestro mensaje siguiendo este sencillo esquema, el perro sabrá lo que se espera de él, mejorando así la comprensión de nuestras indicaciones.

    ¿Cómo enseñar la señal de liberación?

    Una de las formas más fáciles de lograrlo será ejercitando el autocontrol de nuestro perro frente a algún estímulo que le resulte de interés, como pueden ser un trozo de comida o un juguete.

    En el vídeo puedes ver cómo es posible introducir la señal de liberación de un modo sencillo sin que exista ningún tipo de rivalidad por nuestra parte. Lo importante es demostrarle al perro que cuando recibe la señal de liberación podrá conseguir lo que desea, y hasta que no la reciba, no tendrá acceso a la recompensa…Ya sea comida, algún juguete, salir a la calle o unas caricias.

    Si logramos enseñar a nuestro perro la señal de liberación, conseguiremos que desarrolle dos cualidades fundamentales para su educación.

    Por un lado, el perro será más estable a la hora de seguir nuestras indicaciones dado que confiará en nosotros la responsabilidad de poner fin al ejercicio. De esta forma conseguiremos que sea capaz de realizar varias acciones encadenadas (como acudir a la llamada, sentarse junto a nosotros y caminar a nuestro lado) sin necesidad de premiar cada una de ellas.

    Pero es quizás otra virtud la que marca un cambio trascendente en cuanto a la relación con nuestro perro. Y es la de establecer una asociación consistente entre la señal de liberación y el simple hecho de jugar con el perro. Si lo hacemos bien, estaremos en disposición de reducir significativamente el uso de refuerzos externos como la comida y los juguetes, y sustituirlos por el juego social y una sana relación afectiva.

Jorge Ortega

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