A los perros les encanta perseguir. Descubre cómo gestionar esa predisposición para mejorar nuestra relación con los perros y evitar problemas de convivencia.

La secuencia predadora

El origen de toda persecución canina parte de la activación de su secuencia de caza mediante su percepción sensorial.

Como dijimos en “El sentido de la vista de los perros”, su visión está especialmente diseñada para percibir el movimiento.

La domesticación de los perros ha permitido que moldeemos esa secuencia de caza (buscar, acechar, perseguir, morder, sacudir, portar), adaptándola a nuestras preferencias y dando como resultado perros donde cada uno de estos elementos de la secuencia predadora son especialmente potenciados o inhibidos.

Control de las persecuciones

Cuando jugamos con los perros a tirarles una pelota, esa actividad les satisface dando salida de un modo inofensivo el elemento persecutorio de la secuencia de caza.

Los perros también juegan a perseguirse entre sí tal como describimos en “Las señales de juego en los perros y la autolimitación“, intercambiando los roles de perseguidor – perseguido como puedes ver en el vídeo que acompaña al artículo.

Pero también es crucial que todo perro sepa inhibir la persecución de cualquier elemento a nuestra señal, y, por supuesto, debemos enseñarles aquello a lo que está terminantemente prohibido perseguir (personas, coches, motos, bicicletas, patines, personas, gatos, etc).

Existen tres factores clave para controlar el impulso persecutorio de los perros:

  1. Emplear medidas de seguridad, como arneses y collares bien ajustados y correas en buen estado (no extensibles).
  2. Atender al estado fisiológico del perro, al entorno, las circunstancias y el historial de eventos susceptibles de activar su interés por perseguir.
  3. Practicar y recompensar la realización de una acción incompatible con la persecución, llegando a contracondicionar la presencia del elemento persecutorio evocando así una nueva respuesta aceptable y segura.

Cómo incitar y disuadir una persecución

Tal como comentamos, el movimiento es un elemento decisivo a la hora de incitar a los perros a iniciar la persecución.

Los sonidos agudos, como los que emitiría una presa (o un juguete que chifle), también son un componente relevante en este aspecto.

Por tanto, si queremos motivar a los perros para que persigan los juguetes que les lanzamos y que vengan corriendo hacia nosotros, conviene tener presentes tanto el movimiento como el sonido emitido.

Estos conceptos tan sencillos ante una posible persecución (no hacer movimientos bruscos, correr o chillar) deben ser transmitidos claramente a los niños y personas con miedo o no familiarizadas con los perros.

El impulso persecutorio es uno de los mayores aliados que tenemos para desarrollar todo el potencial de nuestros perros siempre que sepamos canalizarlo de un modo seguro. ¿Qué técnicas utilizas para conseguirlo? ¡Dínoslo dejándonos tu comentario!

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Jorge Ortega
¡Hola! Soy educador canino y terapeuta en modificación de conductas en perros.Compagino mi trabajo con el desarrollo de Webican con el fin de divulgar información relacionada con el adiestramiento, la educación y el bienestar de los perros.Busco personas capaces de inspirar a los demás transmitiendo su talento.
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